Hay partes de nosotros que presumimos… y otras que esconderíamos hasta de nosotros mismos si pudiéramos. 😅 Pero Sukkot propone una imagen bastante incómoda y hermosa: la unidad no nace de eliminar las diferencias, sino de aprender a reunirlas.
Las Cuatro Especies —etrog, lulav, hadasim y aravot— son diferentes, y la mitzvá requiere precisamente reunirlas. El Rambam explica que forman una sola mitzvá y que cada una es necesaria; no se trata de escoger la “mejor” y desechar las demás.
Y aquí se pone interesante.
Vaikrá Rabá presenta las especies como distintos tipos de personas: el etrog tiene sabor y fragancia; el lulav, sabor pero no fragancia; el mirto, fragancia pero no sabor; y el sauce, ninguno de los dos. Sin embargo, la respuesta no es separarlos: es unirlos.
¿Y si llevamos hoy esa enseñanza a nuestra propia vida?
Quizá también queremos ser solamente nuestro “etrog”: la parte bonita, segura, espiritual, disciplinada, inteligente o amorosa. Mientras tanto rechazamos nuestra inseguridad, contradicciones, cansancio o aquello que todavía estamos aprendiendo.
Pero integración no significa decir que todo lo que hago está bien. Significa dejar de fragmentarme para poder trabajar conmigo completo.
El propio texto lleva el símbolo todavía más cerca: compara el etrog con el corazón, el lulav con la columna, los hadasim con los ojos y las aravot con los labios; corazón, cuerpo, mirada y palabra participando de una misma dirección.
Tal vez hoy no necesitas fabricar una versión perfecta de ti.
Necesitas preguntarte:
¿Qué parte diferente de mí —incluso esa que normalmente rechazo— necesito aprender a integrar para vivir con mayor unidad?
No la expulses inmediatamente. Obsérvala. Escúchala. Pregúntate qué necesita aprender y qué lugar correcto puede ocupar.
Porque las Cuatro Especies no se vuelven iguales para estar juntas.
Se vuelven una unidad precisamente sin dejar de ser diferentes. 🌿💙



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