Hay cosas que no valoramos poco porque sean pequeñas. Las valoramos poco porque creemos que mañana seguirán ahí.
Ese café con alguien. La llamada de mamá. La persona que duerme a tu lado. Tu cuerpo pudiendo caminar. Una conversación cualquiera. Hasta esa rutina de la que a veces queremos escapar.
Sukkot nos coloca frente a una paradoja preciosa: salimos de la aparente estabilidad de la casa para habitar una Sukká, una vivienda temporal. Y justo ahí se nos pide alegría. Las fuentes describen Sukkot como Zeman Simjateinu, “el tiempo de nuestra alegría”.
Eso cambia mucho la perspectiva.
Porque normalmente pensamos: “disfrutaré cuando esto sea seguro, cuando tenga tiempo, cuando las cosas estén acomodadas”. Sukkot parece enseñarnos lo contrario: algo no necesita durar para merecer nuestra presencia.
La propia Sukká nos recuerda que lo físico es transitorio y que abandonar por unos días la comodidad de nuestra casa ayuda a poner este mundo en perspectiva.
Y ahí aparece nuestra pregunta de hoy:
¿Qué persona, experiencia o momento estoy dejando de disfrutar porque actúo como si siempre fuera a estar ahí?
No necesitas ponerte triste ni vivir pensando que todo terminará. Al contrario.
Quizá comprender que algo es temporal no sirve para quererlo menos.
Sirve para estar más presente mientras todavía está aquí.
Hoy prueba algo sencillo: elige una persona o un momento cotidiano y, durante unos minutos, deja el teléfono, deja los pendientes y quédate ahí.
Porque quizá algún día descubras que aquello que llamabas “un día cualquiera”…
era la vida. 💙



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