🌿 Mi Sukkah interior: la casa donde no necesitas interpretar ningún personaje

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Hay una pregunta que puede incomodar un poquito:

¿Quién eres cuando ya no tienes que demostrarle nada a nadie?

Sin profesión.

Sin títulos.

Sin seguidores.

Sin posesiones.

Sin pendientes.

Sin el “yo soy el que resuelve”, “yo soy el fuerte”, “yo soy el espiritual”, “yo soy el que cuida a todos”.

Sólo tú.

¿Te gusta estar ahí?

Ésa es la pregunta que quiero trabajar hoy en nuestra Bitácora Habitar lo Esencial:

🌿 Cuando dejo afuera mis títulos, posesiones, obligaciones y personajes, ¿cómo se siente estar conmigo mismo dentro de mi propia “casa”?

Sukkot nos ofrece una imagen preciosa para explorarlo.

Durante siete días, la casa permanente deja de ocupar el centro y entramos en una Sukkah, una morada temporal. En los textos que hemos venido trabajando, incluso aparece llamada Tzilá Dimehemenutá, la “sombra de la Fe”. 

Y hay algo muy interesante en entrar en una casa más sencilla.

De pronto muchas cosas que normalmente utilizamos para explicar quiénes somos… se quedan afuera.

Porque cuando alguien te pregunta quién eres, solemos contestar con el currículum:

“Soy médico”.

“Soy terapeuta”.

“Soy mamá”.

“Soy empresario”.

“Soy maestro”.

“Soy estudiante”.

Pero ésas son cosas que hacemos, responsabilidades que tenemos o lugares que ocupamos.

La pregunta de hoy va un poquito más profundo:

¿Quién queda cuando todo eso descansa?

Y ojo, no significa que nuestros títulos, responsabilidades o posesiones estén mal.

La idea no es desaparecerlos.

Es descubrir si sabemos existir sin depender de ellos para sentir que valemos.

Porque a veces terminamos interpretando tantos personajes que llegamos a casa agotados…

y seguimos actuando. 😅

El que siempre puede.

El que nunca necesita ayuda.

El que debe tener una respuesta.

El que no puede equivocarse.

El que tiene que caerle bien a todos.

El que mañana sí va a tener la vida completamente organizada.

Spoiler: mañana probablemente tampoco. 😂

Por eso me gusta pensar en la Sukkah interior.

Un lugar dentro de ti donde no necesitas impresionar a nadie.

Donde puedes sentarte y decir:

“Aquí estoy”.

No “aquí está mi profesión”.

No “aquí están mis logros”.

No “aquí está todo lo que todavía me falta”.

Aquí estoy yo.

Y quizá al principio ese silencio se sienta extraño.

Porque si llevamos mucho tiempo ocupados, distraídos o interpretando personajes, estar con nosotros mismos puede sentirse como encontrarnos con alguien a quien conocemos de nombre… pero con quien hace mucho no platicamos.

No pasa nada.

No tienes que resolverlo inmediatamente.

Hoy solamente vamos a habitar.

En el Séder de Ushpizín que hemos utilizado durante esta experiencia aparece una invitación bellísima:

LEMITAV BETZIL´LÁ DIMEHEMENUTÁ ÏL´LAÁ.

Sentarse bajo la sombra de Fe sublime. 

Fíjate en el verbo:

sentarse.

No correr.

No producir.

No demostrar.

Sentarse.

Y eso puede convertirse hoy en una práctica muy concreta.

Busca cinco minutos.

Sin hacer otra cosa.

Respira.

Observa cómo estás.

Y pregúntate:

¿Cómo se siente estar conmigo?

Tal vez aparezca paz.

Tal vez incomodidad.

Cansancio.

Alegría.

Silencio.

No necesitas ponerle una calificación.

Sólo escuchar.

Porque la Sukkah no tiene que ser perfecta para recibir a sus huéspedes.

Y tú tampoco tienes que tener todo resuelto para habitarte.

De hecho, en los textos de nuestra práctica la Sukkah se convierte precisamente en lugar de encuentro: ahí son invitados Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Aarón, José y David. 

Eso me deja una imagen hermosa para hoy:

cuando hacemos espacio, podemos recibir.

Si nuestra casa interior está llena de ruido, obligaciones, personajes y expectativas, quizá no necesitamos añadir otra cosa.

Quizá necesitamos sentarnos.

Respirar.

Y dejar un espacio vacío.

Así que escribe hoy en tu bitácora:

🌿 Cuando dejo afuera mis títulos, posesiones, obligaciones y personajes, ¿cómo se siente estar conmigo mismo dentro de mi propia “casa”?

No escribas quién deberías ser.

No hagas currículum.

No prepares una respuesta bonita.

Encuéntrate.

Porque quizá una de las formas más profundas de Habitar lo Esencial sea descubrir que, cuando todo lo demás se queda afuera…

todavía hay alguien dentro con quien vale la pena sentarse.

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