Tenemos una relación medio curiosa con nuestro cuerpo.
Queremos cambiarlo antes de conocerlo. 😅
Queremos que sea más fuerte, más flexible, más rápido, que pese menos, que aguante más, que se vea diferente…
Pero pocas veces hacemos una pregunta mucho más básica:
¿Realmente siento mi cuerpo?
Y no estoy hablando simplemente de saber que tienes dos piernas, dos brazos y que la espalda existe porque de vez en cuando manda recordatorios bastante convincentes. 😂
Hablo de detenerte y sentir.
¿Cómo estás parado?
¿Dónde colocas tu peso?
¿Hay alguna parte que estás tensando sin necesidad?
¿Cómo estás respirando?
¿Qué sucede cuando levantas un brazo?
¿Qué cambia cuando das un paso?
Ahí comienza una forma completamente diferente de relacionarnos con el movimiento.
Porque antes de intentar cambiar el cuerpo, podemos aprender a habitarlo.
Piénsalo.
Si quieres modificar algo que nunca observas, ¿cómo sabrás realmente qué estás cambiando?
Muchas veces entramos al ejercicio pensando únicamente en el resultado:
“Quiero bajar de peso.”
“Quiero tener más condición.”
“Quiero ser más flexible.”
“Quiero aprender Tai Chi.”
Perfecto.
Pero existe un paso anterior que fácilmente olvidamos:
conocer desde dónde estamos comenzando.
Y para eso necesitas sentir.
No juzgar.
No pelear.
No comparar.
Sentir.
Ése puede ser uno de los primeros entrenamientos.
Cuando hacemos un movimiento lentamente tenemos la oportunidad de observar cosas que normalmente pasan desapercibidas.
De pronto descubres que aprietas los hombros cuando intentas concentrarte.
Que cargas más peso de un lado.
Que haces un movimiento enorme cuando podría ser pequeño.
O simplemente descubres que llevabas varios minutos conteniendo la respiración mientras intentabas “relajarte”.
Sí… somos bastante talentosos. 😂
Pero ahí está lo bonito.
En cuanto empiezas a sentirlo, puedes empezar a trabajarlo.
Por eso el movimiento consciente no necesita comenzar siendo espectacular.
Puede comenzar con algo tan sencillo como permanecer de pie.
Respirar.
Mover lentamente los brazos.
Transferir el peso.
Caminar.
Y prestar atención.
Porque cada movimiento puede convertirse en una pregunta:
¿Qué estoy sintiendo?
Entonces el entrenamiento deja de ser solamente algo que le haces a tu cuerpo.
Empieza a convertirse en algo que haces con él.
Y esa diferencia parece pequeña, pero cambia la experiencia completa.
Hoy quiero proponerte un ejercicio extremadamente sencillo.
Antes de tu siguiente práctica, dedica solamente un momento a estar de pie.
No corrijas nada todavía.
Primero observa.
Siente tus pies.
Siente dónde está tu peso.
Observa tu respiración.
Nota tus hombros.
Percibe tu espalda.
Y después realiza lentamente tu primer movimiento.
No busques hacerlo bonito.
Busca sentirlo.
Porque quizá transformar el cuerpo no empieza exigiéndole algo diferente.
Quizá empieza prestándole suficiente atención para descubrir cómo está hoy.
Así que la próxima vez que quieras cambiar algo de ti, prueba comenzar de otra manera:
antes de intentar cambiar tu cuerpo, aprende a sentirlo.
Y hoy, durante unos segundos, haz algo que normalmente olvidamos:
pregúntale a tu cuerpo cómo está… y quédate el tiempo suficiente para escuchar la respuesta. ☯️



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