Tres respiraciones que pueden cambiar tu día… sin cambiar nada

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Hay días en los que queremos arreglarnos como si fuéramos una computadora trabada: respirar mejor, pensar positivo, calmarnos, controlar la mente… y de preferencia reiniciarnos en tres minutos. 😅

Pero hoy el Consejo del Sanador es exactamente lo contrario:

Haz tres respiraciones sin intentar cambiar nada.

Sí. Nada.

No respires más profundo.
No intentes relajarte.
No acomodes tu postura para parecer maestro zen.
No trates de sacar pensamientos de la cabeza.

Simplemente observa una respiración tal como ocurre.

Inhalas.

Exhalas.

Y notas.

Luego otra.

Y una más.

Parece demasiado sencillo, pero ahí está precisamente el trabajo: durante unos segundos dejas de relacionarte contigo mismo como algo que necesita ser corregido.

Muchas prácticas contemplativas utilizan la respiración como un punto donde colocar la atención. Pero aquí hay una diferencia importante: no estamos usando la respiración para obligarnos a sentir algo; estamos utilizándola para observar lo que ya está sucediendo.

Tal vez descubras que respiras rápido.

Está bien.

Tal vez la inhalación sea cortita.

Obsérvala.

Quizá sientas tensión en el pecho, movimiento en el abdomen, aire entrando por la nariz, ganas de suspirar o una mente brincando de pensamiento en pensamiento como changuito con espresso.

También eso forma parte de la experiencia. 😂

El error común es convertir hasta el descanso en otra tarea:

“Debo tranquilizarme.”

“Debo respirar correctamente.”

“Debo dejar de pensar.”

Y entonces aparece una paradoja preciosa: estamos intentando relajarnos bajo presión.

Por eso hoy prueba algo diferente.

Haz una respiración y pregúntate:

¿Qué siento cuando no intento modificar lo que siento?

Segunda respiración.

Observa el cuerpo.

Tercera respiración.

Permanece ahí unos segundos.

Eso es todo.

No necesitas tener una experiencia mística, sentir energía recorriendo la columna ni escuchar música celestial de fondo. 😜

El ejercicio consiste simplemente en recuperar algo que perdemos con facilidad: la capacidad de estar presentes antes de intervenir.

Y para quien trabaja con otras personas esto también guarda una enseñanza enorme: antes de corregir, interpretar, diagnosticar, aconsejar o intentar transformar algo, primero hay que aprender a observar.

La próxima vez que tengas prisa, estés molesto, preocupado o simplemente saturado, prueba este pequeño ritual:

Tres respiraciones.Sin arreglar.Sin controlar.Sin exigir.

Después decides qué hacer.

Quizá descubras algo curioso: a veces el primer acto de sanación no consiste en cambiar lo que está ocurriendo…

sino en poder estar ahí para verlo.

Haz tus tres respiraciones ahora y cuéntame: ¿qué notaste en la tercera que no habías percibido en la primera?

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