Si el masaje duele más… ¿realmente funciona mejor?

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Hay una idea que escucho muchísimo: “Apriétame fuerte, porque si no duele, no sirve”.

Y aquí tenemos un pequeño problema: presión profunda y tratamiento eficaz no son exactamente lo mismo.

En terapia manual, hacer más fuerza no significa automáticamente obtener mejores resultados. La presión es solamente una herramienta. Lo importante es qué tejido estamos trabajando, qué buscamos conseguir y, sobre todo, cómo responde el cuerpo.

Imagínate que encuentras una zona extremadamente tensa y decides entrar con toda la fuerza disponible. El cuerpo puede interpretar ese estímulo como excesivo y responder protegiéndose: aumenta la tensión, modifica la respiración o intenta escapar de la presión.

Es como querer abrir una puerta empujando cada vez más fuerte… cuando quizá primero había que girar la llave. 😅

Por eso me gusta pensar que la profundidad no se mide solamente por cuánta fuerza hacemos, sino por qué tan bien podemos entrar al tejido sin pelear con él.

Una presión puede sentirse profunda y, al mismo tiempo, ser lenta, progresiva y controlada.

Ahí cambia completamente la experiencia.

En lugar de pensar:

“¿Cuánto puedo apretar?”

podemos preguntarnos:

“¿Cuánta presión necesita esta persona en este momento?”

Y esa diferencia parece pequeña, pero cambia nuestra manera de tocar.

Hay momentos en los que una presión profunda puede ser apropiada. En otros necesitaremos un contacto mucho más suave. Incluso dentro de una misma sesión podemos cambiar constantemente.

Porque tampoco trabajamos una espalda como si fuera una tabla uniforme.

Hay músculos, fascia —el tejido conectivo que envuelve y relaciona estructuras—, articulaciones y zonas con diferente sensibilidad. Además, cada persona llega con una historia corporal distinta.

Por eso una buena terapia manual necesita algo más interesante que fuerza:

necesita escucha.

Escuchar con las manos.

Observar cómo cambia el tejido, cómo responde la respiración, dónde aparece resistencia y cuándo podemos avanzar.

Eso también explica por qué una sesión efectiva no necesariamente tiene que dejarte sintiendo que peleaste tres rounds contra el terapeuta. 😂

El objetivo no debería ser demostrar cuánto dolor puedes soportar.

El objetivo es utilizar el estímulo adecuado para obtener la respuesta que estamos buscando.

Así que la próxima vez que recibas o realices un masaje, prueba cambiar una sola pregunta.

En vez de: “¿puedes hacerlo más fuerte?”

pregúntate:

“¿Esta presión está ayudando a mi cuerpo a soltar… o lo está haciendo defenderse?”

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