Tenemos una pequeña obsesión con el “más”. Más cantidad, más intensidad, más rápido… y suponemos que eso significa mejores resultados.
Pero cuando un producto se utiliza por gotas, más no significa automáticamente mejor.
El error es bastante lógico: “Si unas gotas producen determinado efecto, entonces duplicarlas debería duplicar el beneficio”. El problema es que el cuerpo y los productos no funcionan necesariamente de manera lineal.
Por eso existe algo tan sencillo como la dosis: la cantidad indicada para determinado uso.
Y aquí está la enseñanza importante: respetar una cantidad no significa quedarse corto; significa usar conscientemente lo que tenemos.
En lugar de pensar: “¿Cuánto más puedo poner?”, cambia la pregunta:
“¿Cuánto necesito realmente?”
Esa pequeña diferencia transforma nuestra relación con cualquier práctica de bienestar. Dejamos de perseguir intensidad y empezamos a desarrollar precisión.
Incluso cuando trabajamos con algo aparentemente sencillo, vale la pena conocer qué estamos utilizando, cómo debe emplearse y cuáles son sus indicaciones.
Porque echar gotas “a ojo de buen cubero” puede sentirse muy artesanal 😂… pero artesanal y adecuado no siempre son sinónimos.
💧 La próxima vez que tengas el gotero en la mano, detente dos segundos antes de agregar otra gota y pregúntate: ¿la necesito o simplemente estoy suponiendo que más es mejor?



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