Hay una idea que escucho muchísimo alrededor del masaje: “Apriétame fuerte, si no duele no sirve”.
Y aquí aparece uno de los consejos más importantes que podemos aprender del Shiatsu:
dolor intenso no significa mejor tratamiento.
El Shiatsu utiliza presión sobre diferentes zonas del cuerpo, pero una buena presión no consiste simplemente en hundir el pulgar hasta que la persona vea a sus antepasados. 😅
La clave está en escuchar la respuesta del cuerpo.
Cuando trabajamos manualmente un tejido, buscamos una presión adecuada a la persona, la zona y el momento. Más intensidad no garantiza automáticamente un mejor resultado.
Incluso hay una diferencia enorme entre sentir una presión profunda, tolerable y hasta agradable, y experimentar un dolor que hace que aprietes los dientes, contengas la respiración y quieras salir corriendo de la camilla.
El error común es pensar:
“Si aguanto más, me va a servir más”.
Pero una sesión no debería convertirse en competencia de resistencia.
En Shiatsu, las manos también observan. El terapeuta siente cambios en los tejidos y adapta presión, ritmo, dirección y duración. Y la persona participa comunicando lo que siente.
Por eso una frase puede mejorar muchísimo una sesión:
“Esa presión ya es demasiado para mí”.
Decirlo no significa que seas débil ni que la terapia esté fracasando. Significa que estás proporcionando información importante para adaptar el tratamiento.
Y si eres terapeuta, pregunta.
“¿Cómo se siente esta presión?”
Parece algo pequeño, pero convierte el masaje en diálogo en lugar de imposición.
La próxima vez que recibas Shiatsu, no preguntes solamente cuánto puedes soportar.
Pregúntate algo mucho más útil:
¿Qué está diciendo mi cuerpo mientras recibe esta presión?
Porque unas buenas manos no necesitan demostrar cuánta fuerza tienen.
Necesitan saber cuánta fuerza necesita la persona que están tocando.



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