Hay una verdad incómoda que pocas personas quieren escuchar:
Lo que más deseas no suele estar del lado de la comodidad.
Y eso aplica para la salud, el crecimiento personal, el desarrollo espiritual, las relaciones, los negocios y prácticamente cualquier aspecto importante de la vida.
Nuestro cuerpo ama la comodidad.
Nuestro ego ama la comodidad.
Nuestra mente ama la comodidad.
Pero nuestro espíritu necesita desafíos para fortalecerse.
Piensa en un músculo.
Si nunca lo utilizas, se debilita.
Si nunca lo desafías, pierde fuerza.
Si nunca lo sacas de su zona de confort, se atrofia.
Lo mismo ocurre con el espíritu.
Cada vez que evitas una conversación difícil, cada vez que postergas un sueño, cada vez que eliges el camino fácil cuando sabes que debes hacer algo más importante, una pequeña parte de tu fuerza interior se adormece.
Los antiguos maestros de Qi Gong entendían esto perfectamente.
Por eso entrenaban bajo el calor, el frío, el cansancio y la disciplina diaria.
No porque les gustara sufrir.
Sino porque sabían que el carácter se construye cuando aprendemos a actuar incluso cuando no tenemos ganas.
En Kabbalah existe una idea similar.
La Luz no se revela únicamente cuando todo es fácil.
Muchas veces aparece cuando desarrollamos la capacidad de superar la resistencia interna.
Ese momento donde una parte de nosotros quiere quedarse acostada y otra quiere levantarse.
Donde una parte quiere rendirse y otra quiere seguir adelante.
Ahí ocurre la verdadera transformación.
La comodidad no es mala.
Todos necesitamos descanso.
Todos necesitamos momentos de tranquilidad.
El problema aparece cuando la comodidad deja de ser una herramienta y se convierte en una prisión.
Porque entonces dejamos de aprender.
Dejamos de crecer.
Dejamos de descubrir quiénes podríamos llegar a ser.
Tal vez hoy no necesites hacer algo enorme.
Quizá solo necesites dar un paso pequeño.
Levántate unos minutos antes.
Haz esa llamada pendiente.
Sal a caminar.
Practica Tai Chi.
Medita.
Empieza ese proyecto.
Haz algo que tu comodidad no quiere hacer.
Porque cada vez que eliges crecer en lugar de quedarte inmóvil, tu espíritu se vuelve más fuerte.
Y un espíritu fuerte puede atravesar cualquier tormenta.
La comodidad te protege por un momento.
El crecimiento te transforma para toda la vida.



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