Quieres cambiar… ¿pero estás dispuesto?

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Hay una pregunta un poquito incómoda que puede cambiar muchas cosas:

¿De verdad quieres cambiar o solamente te gusta la idea de cambiar?

Porque son cosas muy diferentes.

Podemos comprar el cuaderno bonito, estrenar plumas, preparar nuestro scrapbook, organizar horarios, escribir metas y hasta declarar solemnemente: “Ahora sí, de aquí soy”. 😂

Todo eso ayuda.

Pero llega un momento en el que se acaba la emoción de empezar y aparece la verdadera pregunta:

¿Estoy dispuesto a hacer lo que requiere el cambio?

Ahí comienza el trabajo interesante.

Muchas veces sabemos perfectamente qué queremos modificar. Queremos mejorar nuestros hábitos, terminar algo que empezamos, organizarnos mejor, aprender, cuidarnos, trabajar nuestras emociones o construir una vida diferente.

El problema no siempre está en descubrir qué queremos.

Está en sostenerlo.

Porque cambiar implica encontrarnos con ejercicios que nos encantan… y otros que nos dan una flojera marca diablo. 😂

Habrá cosas fáciles y otras incómodas. Días en los que estaremos motivadísimos y otros en los que nuestra motivación probablemente andará de vacaciones.

Por eso existe una diferencia enorme entre motivación y compromiso.

La motivación es ese impulso que dice:

“¡Vamos! ¡Ahora sí!”

El compromiso responde:

“Hoy no tengo tantas ganas… pero esto sigue siendo importante para mí.”

Y ahí cambia todo.

No necesitas sentir entusiasmo permanente para avanzar. Necesitas desarrollar convicción, es decir, tener suficientemente claro por qué quieres hacer algo como para continuar incluso cuando desaparece la emoción inicial.

Piénsalo con algo sencillo.

Si decides trabajar contigo mediante un libro, ejercicios, actividades o un scrapbook, el verdadero proceso no consiste solamente en llenar páginas bonitas.

Cada actividad puede convertirse en una oportunidad para observarte.

¿Qué evito?

¿Qué abandono rápidamente?

¿Qué hago solamente cuando tengo ganas?

¿Qué me cuesta reconocer?

¿Qué quiero conservar?

¿Y qué versión de mí ya no quiero seguir alimentando?

Entonces el cuaderno deja de ser solamente papel.

Se convierte en espejo.

Y aquí aparece otro error bastante común: pensar que para transformar nuestra vida necesitamos realizar cambios gigantescos.

No necesariamente.

Un giro importante puede comenzar con algo aparentemente pequeño: cumplir hoy una cosa que prometiste hacer por ti.

Una.

No veinte.

Porque cada vez que realizas una acción coherente con aquello que quieres construir, estás dejando de vivir solamente desde la intención y comenzando a vivir desde la práctica.

Imagina que escribes:

“Quiero dedicar más tiempo a mí.”

Muy bonito.

Ahora viene la pregunta incómoda:

¿Qué hiciste hoy que demuestre que eso es verdad?

Quizá fueron diez minutos.

Quizá terminaste un ejercicio aunque te dio flojera.

Quizá dijiste no a algo.

Quizá comenzaste aquello que llevabas meses posponiendo.

Quizá simplemente te sentaste frente a una página en blanco y fuiste sincero contigo.

Eso ya es movimiento.

El cambio profundo rara vez ocurre porque un día entendimos una frase maravillosa. Empieza cuando aquello que comprendimos comienza a aparecer en nuestras decisiones.

Por eso comprometerte contigo no significa exigirte perfección.

Significa dejar de abandonarte cada vez que algo se vuelve incómodo.

Puedes cansarte.

Puedes equivocarte.

Puedes descubrir que una estrategia no funciona.

Puedes modificar el camino.

Lo importante es distinguir entre cambiar de estrategia y abandonar el propósito.

Son cosas completamente diferentes.

Tal vez hoy no necesitas otra meta.

Tal vez necesitas sentarte un momento frente a esa página en blanco y preguntarte:

¿Qué quiero cambiar realmente de mí?

Escríbelo.

Después agrega una segunda pregunta:

¿Qué tendría que hacer diferente para que ese cambio ocurra?

Y finalmente viene la buena:

¿Estoy dispuesto a hacerlo incluso cuando no tenga ganas?

No respondas lo que suena bonito.

Responde lo que sea cierto.

Porque cuando esa respuesta se convierte en un sí acompañado de acciones, poco a poco cambia tu manera de pensar, actuar y relacionarte con tu entorno.

Y entonces empiezas a notar oportunidades que antes ni siquiera estabas preparado para aprovechar.

Así que hoy no intentes cambiar tu vida completa.

Abre tu cuaderno.

Escoge una cosa que quieres transformar y escribe debajo:

“Hoy puedo demostrar mi compromiso haciendo…”

Completa la frase.

Y hazlo.

Aunque sea pequeño.

Especialmente si es pequeño.

Porque quizá el cambio que estás esperando no empieza cuando tengas más tiempo, más ganas o las condiciones perfectas.

Quizá empieza cuando dejas de esperar a sentirte listo y cumples la primera promesa que te hiciste a ti mismo.

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