☯️ El equilibrio no es quedarte quieto: es aprender a moverte

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Nos vendieron una idea bastante rara del equilibrio: que algún día vamos a tener todo acomodado.

Trabajo resuelto.
Relaciones tranquilas.
Cuerpo perfecto.
Emociones bajo control.
Agenda organizada.

Y entonces, finalmente…

paz.

Tengo malas noticias. 😅

La vida no recibió ese memo.

Desde la mirada tradicional china, la naturaleza está constantemente transformándose. Día y noche, frío y calor, actividad y descanso, expansión y contracción forman parte de un movimiento continuo.

Por eso hay una idea que me gusta mucho:

El equilibrio no significa permanecer inmóvil.

Significa poder cambiar sin perder completamente nuestro centro.

☯️ Ahí entra Yin y Yang.

Yin y Yang no son simplemente “bueno y malo” ni dos fuerzas enemigas. Son una manera tradicional de describir aspectos complementarios de los fenómenos: reposo y actividad, interior y exterior, frío y calor, descenso y ascenso.

Uno necesita al otro.

Dormir todo el día no necesariamente produce equilibrio.

Trabajar todo el día tampoco.

El equilibrio aparece en la capacidad de responder a lo que está ocurriendo.

Y nuestro propio cuerpo lo demuestra constantemente.

Cuando caminamos, por ejemplo, no mantenemos el peso exactamente repartido entre ambos pies. Lo transferimos continuamente.

Un pie recibe.

El otro avanza.

Uno estabiliza.

El otro se mueve.

Después intercambian funciones.

Para avanzar tenemos que permitir pequeños desequilibrios y reorganizarnos constantemente.

Con las emociones pasa algo parecido.

Equilibrio emocional no significa nunca sentir tristeza, enojo, miedo o preocupación.

Eso sería más parecido a convertirse en mueble. 😂

Las emociones cambian porque nosotros también cambiamos y porque cambia nuestro entorno.

La pregunta útil no siempre es:

“¿Cómo hago para no sentir esto?”

A veces puede ser:

“¿Qué necesita cambiar ahora para que pueda recuperar mi centro?”

Quizá necesitas descansar.

Quizá moverte.

Quizá hablar.

Quizá guardar silencio.

Quizá pedir ayuda.

Quizá simplemente darte diez minutos sin hacer absolutamente nada.

Aquí está el error que muchas veces cometemos: intentamos conservar el mismo estado aunque las circunstancias ya cambiaron.

Estamos cansados y seguimos empujando.

Estamos saturados y añadimos otra tarea.

Estamos inquietos y pretendemos relajarnos a la fuerza.

Pero un sistema vivo necesita adaptación.

Piensa en un árbol durante una tormenta.

Su estabilidad no depende de convertirse en concreto.

Puede ceder, flexionarse y responder al viento mientras conserva sus raíces.

Eso también podemos entrenarlo nosotros.

Hoy haz un pequeño experimento.

Detente unos segundos y pregúntate:

¿Qué necesita mi cuerpo en este momento: movimiento o descanso?

No respondas automáticamente.

Escúchalo.

Tal vez descubrirás que recuperar el equilibrio no requiere controlar todo lo que está pasando alrededor…

sino aprender a moverte inteligentemente con ello. ☯️🐼

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