¿Te ha pasado que respondes impulsivamente y cinco minutos después piensas: “¿Por qué dije eso?”? Nos ocurre a todos. Creemos que somos libres porque podemos hacer lo que queremos, pero muchas veces quien realmente decide es el enojo, el miedo, el orgullo o la prisa.
La mayoría piensa que la libertad consiste en controlar lo que pasa afuera. En realidad, comienza cuando descubres que existe un pequeño espacio entre lo que sucede y la forma en que respondes. Ese instante dura apenas unos segundos, pero puede cambiar una conversación, una relación o incluso el rumbo de tu vida.
En psicología se habla de autorregulación; en el Taoísmo, de actuar sin luchar contra la realidad; y en muchas tradiciones contemplativas se entrena la capacidad de observar antes de reaccionar. Todas apuntan hacia el mismo lugar: primero haces una pausa, después eliges.
Respirar profundo no elimina el problema. Lo que hace es darle tiempo a tu cerebro para que deje de reaccionar en automático y pueda tomar una decisión más inteligente.
La próxima vez que alguien te provoque, no te preguntes qué vas a contestar. Pregúntate: ¿qué tipo de persona quiero ser en este momento?
Ahí comienza la verdadera libertad.



Deja un comentario