¿Alguna vez te has sentido como un barco que hace agua? No es por las tormentas externas, sino porque dejas que el peso del ayer y la incertidumbre del mañana inunden tu hoy. Sir William Osler, uno de los médicos más brillantes de la historia, decía que para no hundirnos debemos aprender a vivir en «compartimentos estancos».
Imagina un gran transatlántico. En caso de emergencia, el capitán presiona un botón y unas pesadas puertas de hierro sellan las secciones del barco. Si una se inunda, el resto permanece seco y el barco flota. Tu vida necesita ese botón.
¿Por qué nos agotamos? La mayoría de nosotros intenta cargar con un bulto imposible: los remordimientos de lo que ya pasó y el miedo a lo que aún no nace. Es como intentar pasar mil granos de arena a la vez por el cuello estrecho de un reloj de arena; si lo fuerzas, el cristal estalla. Tu sistema nervioso no está diseñado para procesar el futuro lejano con la energía del presente. Como bien decía el Dr. Alexis Carrel: «Quienes no saben combatir la preocupación, mueren jóvenes».
El secreto de la «Nueva Vida» Osler no era un genio superdotado; él mismo se definía como alguien de «capacidad mediocre». Su éxito radicó en una sola frase de Carlyle: «Nuestra meta no es ver lo que yace nublado a la distancia, sino hacer lo que tenemos claramente a mano».
Vivir en compartimentos estancos no significa no planificar. Significa que, una vez que el plan está hecho, cierras la puerta de hierro. Al despertar, repite: «Hoy es una vida nueva». Concéntrate en cocinar perfectamente el desayuno de hoy, en terminar ese reporte de hoy, en abrazar a tu gente hoy. Si cuidas bien el hoy, el mañana se cuidará solo.
Recuerda el poema de Kalidasa: «El hoy bien vivido hace que cada ayer sea un sueño de felicidad y cada mañana una visión de esperanza». Sella las puertas. Tu barco está hecho para flotar, pero solo si le permites navegar un día a la vez.



Deja un comentario