La Magia del Deseo Real: ¿Por qué «querer» es un acto de soberanía?

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Vivimos en la era de la distracción masiva. Tenemos mil pestañas abiertas en el navegador y otras tantas en la mente, pero si hoy te detuviera en la calle y te preguntara: ¿Qué quieres tú, ahora mismo, por encima de todo?, lo más probable es que me dieras una respuesta vaga. «Bueno, ser feliz», «tener dinero», «estar bien».

Ese es el primer gran error. Como se menciona en ciertos textos tradicionales de sabiduría, la mayoría de los seres humanos nunca empiezan realmente su camino porque no tienen un destino particular. Son como barcos con motores potentes pero sin timón; hacen mucho ruido, consumen mucha energía, pero nunca llegan a ninguna parte.

El primer paso para obtener salud, felicidad y seguridad no es una técnica complicada, es un acto de voluntad: decidir. En las antiguas enseñanzas se dice que un deseo real tiene una cualidad de realeza, de imperio. La palabra «imperativo» viene de una raíz que significa «poner en orden». Cuando defines lo que quieres, estás poniendo en orden las fuerzas de tu vida.

No basta con pensarlo. Tienes que escribirlo. Al plasmar tu meta en papel, dejas de tener una esperanza difusa y creas una imagen definida. Y aquí está el secreto: las imágenes definidas tienen vida propia, funcionan como semillas que, una vez plantadas en el lugar correcto, no pueden evitar crecer. Pero recuerda, una semilla no crece si la desentierras cada cinco minutos para ver cómo va. Por eso, el silencio es tu mejor aliado.

Si estás listo para dejar de ser un espectador y convertirte en el constructor de tu propia realidad, empieza por lo más simple. Toma lápiz y papel. Escribe: «Aplicaré todo mi poder para alcanzar la siguiente meta…» y sé específico. Ese es el comienzo de la verdadera magia.

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